miércoles, 27 de enero de 2010

La invasión de Irak fue ilegal, según los abogados del Foreign Office y todo el pueblo español.

Jack Straw despreció las opiniones de sus consejeros jurídicos

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE - Corresponsal en Londres - 26/01/2010 20:24

El testimonio de dos ex consejeros jurídicos del Foreign Office ha servido para dejar patentes las dudas sobre la legalidad de la invasión de Irak y el extraño comportamiento del fiscal general, Lord Goldsmith, en el asesoramiento que dio al Gobierno de Tony Blair.

Lord Goldsmith envió a Blair el 14 de enero de 2003 un borrador de informe sobre la invasión en el que destacó que era necesaria una segunda resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para justificar el ataque. La resolución 1441, aprobada en noviembre de 2002, no era suficiente.

Sin embargo, por razones nunca explicadas, el 17 de marzo, unos días antes de la invasión ya había cambiado de opinión. No había inconvenientes jurídicos en iniciar las operaciones. ¿Fue presionado por Blair? ¿Por qué el Gobierno no le dejó entregar su informe definitivo hasta que las tropas no estuvieran preparadas para entrar en territorio iraquí?

Son preguntas a las que Goldsmith podrá responder este miércoles en su comparecencia en la comisión de investigación.

Los abogados del Ministerio de Exteriores nunca tuvieron dudas. Michael Wood, principal asesor jurídico del ministro Jack Straw, declaró que la guerra fue “ilegal”. Lo mismo dijo su número dos, Elizabeth Wilmshurst, que presentó la dimisión en protesta por la guerra.

“Considero que el uso de la fuerza contra Irak en marzo de 2003 fue contrario al derecho internacional”, explicó Wood. Ni había sido expresamente autorizado por el Consejo de Seguridad ni existía razón que lo justificara desde el derecho internacional. Ambos, junto a otros abogados, comunicaron su punto de vista a Straw, pero el ministro desechó sus críticas desde el primer momento.

Dudas falsas

Cuando se presentó ante la comisión, Straw dijo que había dudado hasta el final sobre la invasión y que el cambio de régimen por sí solo no servía como justificación. La imagen de Straw como guerrero reticente ha quedado malparada.

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