martes, 19 de octubre de 2010

EL MUNDO: El lobby loco

En EEUU, hablar del desmembramiento de cualquier otro Estado es algo perfectamente normal. Ahí está, por ejemplo, esa luminaria llamada Joe Biden pidiendo la división de Irak en tres ‘regiones’, que en la práctica hubieran equivalido a tres cuasiestados independientes, como si la guerra civil que entonces estaba sufriendo ese país no fuera a combinarse con una oleada de limpiezas étnicas todavía más feroces si el país se dividiera en tres Gobiernos virtualmente independientes.

Biden contaba con el apoyo intelectual de Peter Galbraith, hijo de John Galbraith—famoso divulgador, comunicador y político, y sobrevalorado economista—, y autor incluso de un libro defendiendo esa tesis. Luego supimos que Galbraith era asesor de los kurdos iraquíes, una comunidad que, evidentemente, tiene un interés claro en independizarse. Y más tarde nos enteramos de que Peter Galbraith se llevó unas pocas decenas de millones de dólares en contratos petroleros del Kurdistán iraquí. Aquí, independencia académica ante todo, oiga usted.

El que en EEUU se pueda pedir tranquilamente y sin ningún problema, por ejemplo, el desmembramiento de España, es algo pintoresco, porque se produce en un país que no reconoce el derecho a la autodeterminación de sus territorios. Vamos, que si Texas proclama mañana la independencia, Barack Obama, para cumplir la Ley, tiene que enviar los tanques a Austin (lo que no es difícil, porque Texas está llena de bases militares, en otro ejemplo de cómo el Estado subvenciona a los estados que pretenden estar en contra del socialismo de Obama).

Y, aunque no hay jurisprudencia al respecto, tampoco se puede pedir el desmembramiento de Israel. Es más: no se puede ni siquiera pedir que ese Estado simplemente que tenga las fronteras que le otorgó la ONU que, como puede verse en este mapa, eran significativamente menores que las que acabó teniendo. Por no hablar de la posibilidad de que el Estado judío deje de ser eso: un Estado basado en criterios étnicos. Porque, no lo olvidemos, cualquier judío del mundo puede obtener de inmediato la nacionalidad israelí (por cierto, cualquier miembro de esa comunidad que pueda demostrar que sus ancestors fueron expulsados de España en 1492, también puede conseguir la nacionalidad española). Ni siquiera se aplica el término ‘limpieza étnica’ para las locuras racistas propuestas por Avigdor Lieberman.

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