jueves, 24 de octubre de 2013

Europa hace la vista gorda a musulmanes radicales nacionales para usarlos como un “cuerpo de mercenarios de reserva"

Europe turns blind eye on home-bred radical Muslims to preserve ‘pool of agents’


Centenares de jóvenes musulmanes europeos viajan al extranjero para luchar en la yihad internacional, mientras los gobiernos optan por ignorar las posibles consecuencias cuando retornan.  “Estas comunidades de minorías locales se consideran como un grupo de reclutas potenciales”, asegura a RT el historiador de la Universidad de Oxford, Marcos Almond.

RT: ¿Está usted de acuerdo en que los musulmanes europeos que van a luchar en Siria presentan, cuando vuelven a casa, una amenaza para sus países de origen?

Marcos Almond : Creo que es una amenaza. Obviamente estamos hablando de un número relativamente pequeño de personas de los millones de musulmanes que viven en la Unión Europea. El problema, sin embargo, es que aunque el 0,1 por ciento de estas, digamos mil personas, se radicalizaran, entonces tenemos a un subgrupo muy pequeño pero muy peligroso.  Se estima que más de mil musulmanes europeos han ido a Siria y miles más han participado en el tráfico de reclutas, armas y dinero para los que físicamente hacen el viaje.  Ya hemos tenido casos de acciones violentas en Francia, en Gran Bretaña y en otros países llevados a cabo por
personas que se habían radicalizado en otros lugares, a veces en Siria y otras partes del norte de África, por ejemplo, o en Somalia.

RT: ¿Qué cree usted que impulsa a las personas a unirse a los islamistas en Siria - ¿comparten sus objetivos políticos de derrocar a Assad - o se trata de motivos religiosos?

M. Almond: Creo que hay dos puntos de vista. Por un lado, los propios individuos pueden tener todo tipo de frustraciones, incluso como adolescentes parte de una minoría en una sociedad que tal vez no se sientan completamente integrados. Por eso se convierten en cierto modo más religiosos que tal vez son o eran sus padres.

Pero, también hay quienes buscan y reclutan a estos jóvenes desilusionados. Y creo que tenemos que aceptar, sobre todo en Gran Bretaña, que tenemos una situación contradictoria y paradójica en el sentido de que algunos de los grupos que el gobierno británico patrocina a nivel nacional -los llamados grupos contra la radicalización, que son organizaciones subvencionadas con fondos públicos, con el motivo de normalizar a los radicales-, en realidad actúan como conductos para las personas que acabaron en Libia en 2011 u hoy van a Siria. Así que tenemos que afrontar este problema.

En cierta medida, existe una mezcla de razones psicológicas y otras personales por las cuales algunos individuos pueden llegar a radicalizarse. Las conexiones de reclutamiento, adoctrinamiento, entrenamiento y envío son oficiales por lo menos en Gran Bretaña, Noruega y Francia.

RT: ¿Es un argumento legítimo decir que los países europeos, debido a que apoyan abiertamente a la oposición siria, están alentando involuntariamente a sus ciudadanos musulmanes a unirse a las filas yihadistas?

MA : Creo que hay un riesgo de esto. Ahora, tal vez tardíamente, hemos visto a oficiales como el Ministro de Exteriores británico, William Hague, darse cuenta de repente de que esta radicalización está ahí. Esto ha estado sucediendo desde hace por lo menos tres años, tal vez incluso mucho antes.

Uno de los problemas es el elemento de colusión. Recuerde que los servicios de inteligencia de países como Gran Bretaña y Francia consideran a sus comunidades musulmanas inmigrantes como un grupo de reclutas potenciales para crear futuros agentes, informantes y así sucesivamente en el resto del mundo de Oriente Medio.

Y así ha habido una gran tendencia a hacer la vista gorda ante el problema de "blowback” (consecuencias nefastas inesperadas), como ha sido el caso de Al Qaeda en Afganistán, en la década de los 80, utilizado por Occidente contra los soviéticos y que luego volvió en su contra. Occidente apoya a grupos radicales sin tener en cuenta que estos grupos tienen su propia agenda. No necesariamente sólo quieren hacer lo que el titiritero ha pedido que hagan. Y, ciertamente, acaban mordiendo la mano que les da de comer. Pero esa mano que acaban mordiendo no es necesariamente la de la persona que ha ayudado a prepararlos y enviarlos sino la de civiles inocentes. 

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