lunes, 8 de julio de 2013

Dos relatos cortos sobre el 11 de Septiembre por José Octavio Velasco Tejeda



Septiembre 11, 2001;  ¡malditos terroristas!


José Octavio Velasco Tejeda
Creo que muy pocos individuos (relativamente hablando) saben cuál es el significado de tan nefasta fecha. Tales personas son desde luego son los familiares del los asesinados, los sobrevivientes bomberos y rescatistas, el arquitecto Richard Gage —presidente y fundador de Arquitectos e Ingenieros para la verdad sobre 9/11—, y por  algunos millones de personas pensantes en el mundo quienes nos hemos ocupado en estudiar el material disponible. En realidad, ni es necesario ser algún arquitecto o ingeniero para tener la certeza de que no existió ni un maldito terrorista árabe. Al observar como (no) se colapsa un edificio con estructura de acero  por causa de fuego —aun después de muchas horas—, sería suficiente. Pero, adicionalmente, con solo comparar como explotaron las torres gemelas, así como el edificio 7, como cayeron y como se esparció el concreto  hecho polvo (¿por fuego?). Al edificio 7, ni siquiera lo impactó avión alguno y no se menciona en el reporte oficial de FEMA. Los escombros fueron retirados con gran prisa, antes de investigación alguna, lo cual es un acto criminal. Del supuesto avión que se impacto en el Pentágono, no se hayo pieza alguna que indicara residuos de alguna nave comercial y asimismo los pequeños restos  fueron retirados con gran urgencia por agentes del FBI.       La cantidad de pruebas y testimonios son enormes y su veracidad concluyente para cualquier persona con la mente abierta y con el deseo de conocer la triste verdad. De forma muy similar, los (tres) asesinatos de los Kennedy fueron realizados exitosamente por traidores poderosos y aunque la verdad ya se conoce, no hay un solo culpable apresado. El poder y riqueza, a ese nivel absoluto, es capaz de realizar el peor crimen, realizar investigaciones falseadas, transmitir mentiras sin descanso, hasta que se conviertan en verdades, o bien, hasta  que a los ciudadanos ya no les importe que o como sucedió. Lo que no comprenden es que con cada nuevo evento de estos hampones, su libertad es cada vez menor ya que sus derechos son disminuidos hasta que, como con la reciente acta Patriot, cualquier persona puede ser encarcelada sin que pueda defenderse.
          Efectivamente, ¡malditos terroristas!;  Bush, Cheney,  Rumsfeld y el resto de crápulas asociados en la peor traición de la historia moderna y quienes siguen impunes y con gran probabilidad no pisen una celda en su vida. La coalición de gobernantes, políticos, banqueros, medios masivos, empresarios, agencias federales de investigación y otros les resulta como un escudo impenetrable para la sociedad norteamericana.
          ene. 12, 2013
 



Contar manzanas y naranjas

José Octavio Velasco Tejeda
A corta edad, a los niños se les enseña que no se pueden sumar manzanas y naranjas, debido a que no son objetos similares, indicándoles que su apariencia, color, textura, semillas, sabor, etc. son muy diferentes, así enseñándolos asimismo a comparar. Una vez que un niño sabe como comparar, está listo para que, sin mayor ayuda, excepto que le muestren como se derrumbaría un edificio por causa de fuego y como se destruyen los edificios mediante explosivos.  Una vez vistos tales ejemplos, un niño normal pueda determinar, con toda certidumbre, mediante la comparacion de las imágenes respectivas que método fue utilizado para destruir los tres edificios el 9/11. ¡Así de simple y contundente! Y no me asombraría que aun un chimpancé pudiera aprender muy rápidamente tal sencilla comparación.
          Dada la burda planeación criminal —literalmente en cada acción realizada—se cuenta con una infinidad de pruebas contundentes irrefutables, las cuales únicamente las personas que voluntariamente se ciegan ante la verdad, se niegan a aceptar. El creer que su gobierno es incapaz de hacer realizar dichos actos, resulta además que son poco conocedoras de la historia, y además muy ilusos, ya que actos terribles similares, (casi) todo gobierno del mundo los ha llevado a cabo, cuando así le ha convenido. 
         
Por último, si el método científico demuestra inequívocamente los hechos y la curiosidad de un niño concuerda en certificar que la destrucción idéntica de los tres edificios fueron causadas por  las explosiones controladas de explosivos, me da la esperanza de que, ya más tarde que temprano, pero durante mi vida, me toque ver que todos los criminales son juzgados y condenados. Cualquier condena, inclusive la pena de muerte, resultaría minúscula comparada con el terrible daño que realizaron.  Ya es hora de que la historia cuente los eventos como sucedieron, no como mentiras no creíbles ni para un niño de ocho años.