jueves, 11 de febrero de 2010

“Houston, we have a problem”

por Greg Grisham

Hacía un día soleado, no me acuerdo si de mañana o de tarde. Ni me acuerdo de cuántas personas estaban abordo ni exactamente quienes eran, no importa. Media docena por lo menos porque mi velero medía 9 metros de eslora y costaba navegar debido a que siempre alguien estorbaba en el timón. Navegamos hacia el sur en el “Intracoastal Waterway” a unas 30 millas al norte de Cabo Kennedy, o Cabo Cañaveral como se le llamaba antes de instalarse la base de la NASA.

El transbordador espacial “Challenger” acababa de despegar. Otro lanzamiento más entre las docenas que había visto a lo largo de los años, allí donde me crié en medio de la “Carrera Espacial”. En los años 60 y 70 eran los Saturn V de las misiones Apollo y luego dejaron paso a los “Shuttle” reutilizables. El Challenger ascendía como siempre, dejando detrás de si la habitual estela de humo. Todos abordo de mi velero éramos familiares de trabajadores de la NASA concretamente de la generación Apollo y todos estábamos acostumbrados a los lanzamientos.

El Challenger cobraba altura durante unos treinta segundos y de repente lo vimos explotar, provocando una gran nube de humo blanco mientras los dos motores “Booster” siguieron cada uno trayectos distintos fuera de control. Todos permanecimos atónitos viendo la catástrofe en el cielo, como españoles en un bar viendo el televisor.

Nadie dijo ni mú hasta que yo, grité, “Ha explotado. Ha fallado. Están todos muertos”. Mis invitados me respondieron, casi enfadados conmigo, “Pero, ¿qué dices hombre? Estás loco. Venga ya, ¿Qué quieres decir, ha explotado? ¿Cómo va a explotar?...”